…VAMOS A LLEVARNOS BIEN
(Relación saludable con la comida)
Además de ser nutricionista nutricionburgos.com soy licenciada en sociología y especialista universitaria en el tratamiento psicológico de la obesidad. Desde que empecé a interesarme por la nutrición comprendí que éste mundo va mucho más allá de las proteínas, los carbohidratos y las vitaminas; hay que conocer la relación que tenemos las personas con la comida, con las emociones y con la acción de comer. Está en juego nuestra salud física y mental.
Son tiempos difíciles en los que hemos perdido la sensación de seguridad que la rutina del día a día nos daba. Nos enfrentamos a un futuro incierto a través de un presente dudoso en el que todos vamos haciendo las cosas tal y como nos indica nuestro instinto, no hay una fórmula conocida para enfrentarnos con esto.
Cuando la incertidumbre acecha nuestras emociones se desbordan y nuestra forma de procesar lo que nos rodea es mucho más apasionada. A estas alturas de nuestra vida, todos hemos observado que nuestras emociones y nuestra alimentación tienen una estrecha relación.
Desde la lactancia, hay un vínculo especial con las madres a través de la alimentación que nos aporta esa sensación de refugio, calma y protección que buscaremos después en otros momentos de la vida. Conforme vamos creciendo, a través de una serie de complejos mecanismos de recompensa (regulados por un neurotransmisor llamado dopamina), ésta relación entre las emociones y los alimentos se va delimitando y perfilando; por supuesto, las experiencias sensoriales también influyen en nuestro comportamiento alimentario y nuestras preferencias.
La relación entre la comida y las emociones NO es algo negativo, los problemas surgen cuando establecemos esta relación sobre pilares erróneos:
- Si nuestras emociones son percibidas de forma demasiado intensa es habitual que disminuya el apetito y por tanto la ingesta.
- Cuando esta relación es insegura (o tenemos malos hábitos) podemos hacer dos cosas que nos llevarán a un desenlace similar. Tanto si intentamos tener una conducta muy restrictiva como si damos rienda suelta a nuestro comer emocional, en ambos casos el resultado será el mismo: el incremento de la ingesta.
- Solo cuando esta relación es coherente la ingesta será la adecuada.
Un notorio ejemplo de relaciones complicadas con la comida es el que se establece con el AZÚCAR. Su consumo habitual produce niveles de dopamina (recompensa) elevados que nos hacen que necesitemos consumir más cantidad de azúcar mientras aumenta la tolerancia y esto a su vez nos hace necesitar dosis más elevadas para tener los mismos efectos. Éste mecanismo es muy similar al de otras adicciones, con la desventaja de que la relación con la comida es mucho más complicada de manejar porque no podemos prescindir de ella.
En todos los aspectos de nuestra vida, para establecer una RELACIÓN SALUDABLE (a cualquier nivel) la premisa de partida es preguntarnos ¿me siento bien con lo que estoy haciendo?.
En tiempos de incertidumbre y fragilidad es importante reconocer la situación actual y cómo estamos actuando de forma individual. Culpar a otros o a la situación no nos ayuda, todo lo contrario hace que nuestros pensamientos sean más recurrentes. Hemos de intentar concentrarnos en lo que podemos hacer aquí y ahora; tener claro que solo podemos intervenir en la actualidad, no en el pasado ni en el futuro. Nuestro papel está aquí y ahora.
Aceptar la realidad “radical” de forma sana (esto es como es/ no puedo cambiar lo que ya ha ocurrido/así tiene que ser) es una forma de reconocernos como humanos limitados que no pueden controlarlo todo. Es muy relajante reconocer que no podemos asumir toda las responsabilidades y que tenemos miedos… sin que esta sensación nos invada y nos derrote, claro está.
Para esta aceptación es fundamental cambiar nuestra narrativa interna (la forma en que nos planteamos las cosas a nosotros mismos, qué estoy pensando y cómo lo estoy orientando). Este es un momento extra-extraordinario y necesitamos cuidarnos y sentir seguridad; para ello hemos de repetirnos cosas tan sencillas como “todo esto pasará”, “ todo va a ir bien”. De esta forma dirigiremos nuestra atención a otro lado (no distraer, sino redirigir), regularemos nuestra intensidad emocional a través de conductas que nos desmarquen de la situación.
Una de las cosas que de forma habitual recomiendo en la consulta nutricionburgos.com cuando nos sentimos desbordados es poner en práctica cualquier actividad que tenga ese efecto de redirigir nuestra atención. Muchas veces el solo hecho de salir de casa y cambiar el entorno es eficaz, pero por desgracia ahora mismo nuestras salidas al exterior están limitadas y hemos de aprovechar un único entorno (nuestra casa) para diferentes actividades.
Te propongo a continuación una lista de algunas de las muchísimas cosas que puedes hacer estos días y que seguro que hacen que tu relación con tus emociones (y por lo tanto con la comida) sea mejor:
- Hablar por teléfono con un amigo o un familiar (o alguien que aporte cosas alegres)
- Salir al balcón, terraza, jardín… sacar la cabeza por la ventana (¡¡oxígeno!!)
- Retomar un hobbie (o explorar las aficiones extrañas que tienen los demás)
- Pintar, dibujar o hacer alguna actividad creativa (no tenemos que hacer una exposición, sino probar cosas diferentes)
- Cantar (todo lo alto o bajo que tu vecindario permita)
- Escuchar música nueva (y a veces darle una oportunidad)
- Meditar o hacer una relajación guiada (ahora no hay ruido y hay tiempo; es un buen momento para convertirlo en una rutina)
- Ver un monólogo gracioso (el humor siempre es la clave para seguir adelante)
- Ver películas, series, documentales… (sobre temas variados, ahora por fin tienes tiempo)
- Leer un libro o una revista o un artículo de un blog (que te hagan pensar en algo fresco)
- Hacer un poco de ejercicio (de diferentes tipos y diferentes intensidades)
- Escribir una carta a alguien o a ti mimo para el futuro (esto suele ayudar a poner en orden tus pensamientos y a veces a darle la importancia que realmente tienen)
- Darte una ducha larga (es importante desde el punto de vista de la higiene y de la relajación)
- Cocinar algo rico (no tiene porqué ser más calórico, pero si puede tener una presentación atractiva y una elaboración más entretenida de lo habitual)
- Descansar en el sofá (un placer que puede llevar nuestra mente a visualizar casi casi cualquier cosa)
- Jugar a algo solo o en compañía (cartas, videojuegos, juegos de mesa, puzzles…)
- Bailar (hacer ejercicio y dejarte llevar por una música que te evoque buenas vibraciones)
- Limpiar algún rincón de la casa (el que cuida su entorno se cuida a si mismo)
- Deshacerte de objetos que no quieras (como metáfora de eliminar todo lo negativo de tu entorno)
- Aprender algo nuevo sobre ti (para bien y para mal)
- Investigar algo para crecer profesionalmente (siempre hay nuevas ideas, nuevos puntos de vista y nuevos retos)
- Practicar un idioma (si ya lo sabes o empezar a conocer uno nuevo; hay un montón de aplicaciones gratuitas para una primera toma de contacto)
- Apuntarte a un curso online (de las materias más insospechadas, estimular el espíritu crítico y abrir la mente a nuevos conocimientos)
La comida es una herramienta para regular nuestras emociones, pero hay muchas otras cosas que también son asequibles y placenteras. Lo importante es enfrentarnos con los hechos y poner los medios a nuestro alcance… vamos a llevarnos bien con la comida, pero también con nosotros mismos y nuestras emociones.
Si necesitas ayuda, no dudes en pedirla nutricionburgos.com. Poner en orden tus comidas te ayudará a poner orden en tus emociones.